La vida en Yokohama siendo escritor es como una oda al gran blues imperial, traqueteante, a veces incesante, como todo una locomotora en marcha, humeando las nubes, consumiendo el oxígeno, cargando con personas distantes mirándose por el reflejo soleado de sus ojos, miradas perdidas en millones de instantes, vestidos y faldas en caminos perpetuos del olvido.
Amelia me espera, tengo que terminar esta novela.
Y te besaré, miraré por debajo de tus ojos, conciente.
>Hubo un camión que nunca debí tomar.
Sinceramente.
Una mano que nunca debí soltar.
>Si tus uñas no hubieran sido negras
al momento
que nos besamos
no hubiera
remojado mis labios.
>Dispárale a ese, bajando la velocidad, me decías, No, a ese no, está distraído, ¿y para qué quieres que esté atento? No me gustaría que me mataran sin verme de frente. Nosotros no hacemos favores, bueno a aquella, Muy gorda, no sabría a dónde disparar, ya dale al que quieras o te bajo en este momento, No sé en cuál ciudad estamos, es el chiste de bajarte. Bueno ya sé a quién, aceleraste, tus ojos perdían profundidad, pero la luz en ocasiones incrementaba. Al moreno del paraguas, bueno, está bien dijiste y presioné el gatillo justo detrás de él, pude no haberle dado pues corrió y corrió y se perdió en unos bosques aledaños mientras los pájaros volaban alto y en parvada, recoge su paraguas, es un recuerdo. Nunca olvidaré este momento y me besaste mientras el indicador de velocidad aumentaba. Tiramos la prueba caliente a un lado de la carretera envuelta en un pequeño cobertor cómo si fuera un bebé.
>Aldrete, Aldrete, ¡Pablo! -Me gritó cuando me quedé dormido en pleno acto, es que hacía mucho calor y yo no podía hablar, no le pude decir súbele al aire, mamacita. A la mañana siguiente desperté sin sábanas, me las había robado la mujerona. Tenía un fetiche por los accesorios para dormir, cosas así como almohadas, pijamas, pantuflas, valium. Era amante de la valeriana y esa noche le gané yo y pues me dejó acostado con los ácaros. También abrió la persiana y el sol ardió conmigo, digo no me quemó a mí, yo ardí con él, porque abrí los ojos y las pestañas se me habían quedado pegadas y la boca estaba reseca como un pinche cacto, sin playera ni sábanas convergido en el material del colchón, mis lunares se quedaron como estampas, mi cabeza se fundía como pinche olla exprés, tsss tsss, y cuando pude abrir los ojos por completo Lilian seguía allí.
>Había nuevas divisiones en el país. Vivo en el mismo norte aunque yo lo veo más que eso. No hay más norte que el mío. Tenía 18 años cuando salí de mi hogar. Después de eso los tornados arrasaron con todo. Sólo quedó la suciedad.
Hubo un éxodo de jóvenes, llegué cuando todos se marchaban. Todos se fueron directo al ejército, o a otras áreas de la nación. Como yo. Mi madre fingió mi muerte, mi padre nunca la negó. Por eso vivo. Gracias a ellos. Hallé trabajo demasiado pronto, tan pronto que tengo por seguro que duraré aquí por siempre. No habrá más que hacer cuando tenga 30 o 40, seguiré haciendo lo mismo. Pero nunca entraré a la armada.
>José Agustín está sentado al borde de su cama, voltea de reojo hacia la esquina y se para sigilosamente, se maldice a sí mismo por haber usado un adverbio en mente al momento de narrar su propia acción y sigue avanzando, estira la mano derecha para derrumbar una telaraña que se mantenía ahí con bastante descaro.
La araña picó la mano de José Agustín.
De perfil fue escrito solamente con la mano izquierda, los adverbios en mente provienen del hemisferio derecho.
>Anoche volví a soñar con la vieja directora de mi primaria, sigue viva y tartamudea como nunca, tampoco puede hablar sin salivar, su hermana está ahora al mando de la organización católica patriótica.
Inmediatamente mi sueño se acompaña con el de querer ser paramédico, quiero vivir de noche, -vampire/vampiro-, ayudarlos a todos, y escupirle a la boca a los inconscientes sicarios que caigan rendidos ante el fuego de una bala. Pero en realidad, lo que pasa es que quiero fumar un buen faro, darle un sentido a la intención de consumir un cigarrillo, a las cinco a.m.
Me estoy consumiendo con brillante rapidez y con una latente pulsación en el cuello que me hace creer que la consumación de la vida está cercana. Presiento que el próximo aneurisma de la localidad se acerca a mi cabeza antes de prender el primer cigarro y que la embolia me espera hasta que termine el último.
Y de pronto: nada de la nada de la nada, no habrá a que bandera rezarle, pero tengo por seguro que el sudor de la persona que la iza, fluye y fluye hasta correrse por mi boca, mi boca la que rezaba por desquiciar a la autoridad.
>Pues, cuando amanece, me levanto y la erección durísima que mi cuerpo ha trabajado durante la noche me impide empezar con mis deberes. Claro, que si presiono el botón indicado una figura con millones de bits y una infinidad de colores en su gama se crea al borde de la litera, y como ya sabrán, su figura es la de una mujer, hermosa, como la que siempre aparece en mi corto sueño. La proyección corpórea se abalanza sobre mi cuerpo y empieza a succionar mi miembro hasta que la sangre se disipa por todas mis arterias.
El desayuno consta de sólo oprimir otro botón y ya tengo en mi mesa lo que siempre deseé, dependiendo del día y del estado de ánimo que está conmigo es la comida que obtendré. Esta función en especial nunca ha fallado. Otra imagen similar a Jonás mi difunto amigo, interactúa conmigo y se aleja siempre con la misma palabra: “Hasta pronto, viejo amigo”.
A veces tengo que lavar la ropa, digo a veces, pero la verdad nunca lo hago. Así que me siento a ver la televisión y me entretengo con cualquier contenido que me ofrezcan.
La mujer virtual que amanece conmigo vuelve a sentarse en mi regazo, su función sólo ha cobrado una variante.
Ya para en la tarde, después de la comida que sigue el mismo procedimiento que el desayuno. Me dispongo a cambiar el formato de preparación y lo que más demora mi platillo es el saber que acompañante elegir.
La verdad ya es todo lo que hago en la noche. Bueno, en ocasiones me levantó del transportador y me dirijo al viejo clóset de mi abuelo. Busco la caja donde guardaba sus calcetines y saco de entre las fundas un hermoso revólver.
Desparramo mis sesos sobre la mesa de la comida y olvido una nota.
La hermosa fémina que mantiene mi sexualidad activa aparece de pronto y se encarga de devolverme al mundo de los vivos. Y por supuesto, no hay motivo para no recibir sexo oral esa noche.
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